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112 Art Junio 2026

¿Por qué el Ballet sí importa?

By Julieta Rey

Hay una idea persistente de que el ballet no nos pertenece. Pero cuando el cuerpo deja de ser únicamente soporte y se convierte en conductor, aparece otra cosa. Algo más difícil de nombrar. Algo de lo que incluso, sin quererlo, no podemos ser ajenos. El arte, quizás, en su forma más pura.

La aparente levedad de un cuerpo que se sostiene en puntas. La precisión que parece natural, pero no lo es. Una prenda suave, casi etérea, que se funde con el movimiento.

Un cuerpo que se entrena hasta volverse lenguaje.

El ballet nació como espectáculo de control. En las cortes europeas, el movimiento no era libre: era estructura, estatus, poder. Respondía a una imagen construida. Y, sin embargo, incluso dentro de esa rigidez, algo se filtraba. Una fisura. Una emoción. La necesidad de hacer sentir al espectador algo más.

En ese punto, el ballet deja de ser solo técnica.

En obras como Swan Lake o Giselle, el cuerpo ya no solo ejecuta: encarna. Deseo, pérdida, amor.

Esa idea —la del cuerpo como lenguaje— atraviesa también la moda.

La moda le enseña al cuerpo cómo pararse, cómo moverse, cómo ser visto. No hay azar ahí: hay construcción. En ambos casos, el cuerpo es un territorio intervenido. Comunica de la forma más íntima.

Incluso en el cine, esa relación se intensifica. El vestuario diseñado por Rodarte para Black Swan expone la transformación del cuerpo en obsesión, en algo más oscuro.

Chanel y la Ópera de París sostienen hoy una de las alianzas más sólidas entre moda y ballet. Ser referente no se mide solo en la calidad de un producto, sino también en su compromiso con el arte y la cultura. Como patrocinador de la Ópera de París y del Ballet Junior, la Maison perpetúa su relación histórica con la danza a través de tutús, tiaras, plumas y flores concebidos junto a los talleres de la institución y oficios artesanales como Lemarié y Lesage. Allí, el lujo no funciona como ornamento vacío, sino como continuidad de una tradición hecha de manos, oficio y precisión.

Giorgio Armani, en cambio, propone otra sensibilidad. Para el Baile de la Ópera de Viena 2026, diseñó trajes a medida para las dieciséis parejas de bailarines principales, pensados para desaparecer cuando el cuerpo empieza a bailar. Prendas ultraligeras, pensadas específicamente para permitir una lectura limpia del cuerpo. Se utilizaron lentejuelas doradas y bordados de cristal no como decoración principal, sino como un efecto de luz que se revela con el movimiento escénico. Todo responde a una misma idea: que la ropa no compita, sino que acompañe.

Olivier Rousteing también llevó el lenguaje de Balmain al escenario de la Ópera de París, vistiendo a bailarines con majestuosas perlas. Allí, en cambio, la danza y la moda se amplifican.

 

Balmain x Paris Opera

Iris van Herpen en colaboración con Sasha Waltz, coreógrafa y bailarina alemana, combina artesanía y tecnología en sus vestidos impresos en 3D. Diseñadores como Gianni Versace colaboraron con coreógrafos como Maurice Béjart, trasladando su universo al escenario. En la alta costura, John Galliano para Maison Margiela retoma El lago de los cisnes de manera poética y fragmentada.

Pero otras veces, incluso, la influencia es más sutil. Se escapa a la mirada inmediata.

Está en las transparencias que no terminan de cubrir. En los volúmenes que expanden el cuerpo más allá de su forma. En la delicadeza de una prenda.

Diseñadoras como Simone Rocha trabajan esa tensión entre lo etéreo y lo contenido; Rei Kawakubo rompe con la idea de armonía, deformando el cuerpo hasta hacerlo irreconocible. Incluso en propuestas más contenidas, como las de Miuccia Prada, aparece una feminidad que no termina de ser dócil.

El ballet sigue ahí. No como referencia literal, sino como lógica.

La del cuerpo entrenado para decir algo más.

 

Paris Opera and Olivier Rousteing «Renaissance»

Y en un presente donde todo parece superficial, efímero, consumible, hay algo profundamente necesario en esa otra temporalidad. La de la repetición. La de insistir en un gesto hasta que deje de ser forma y se convierta en expresión.

Porque quizás el ballet no importa por lo que muestra, sino por lo que revela.

Que el cuerpo puede ser más que imagen. Puede ser identidad. Emoción. Memoria.

Puede ser lenguaje.

 

 

Armani x Opera de Viena

Words by
Julieta Rey

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