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111 Fashion Mayo 2026

La estética del deseo: moda, color y feminidad en el universo de Pedro Almodóvar

By Javier Minuche

Cuando pienso en Pedro Almodóvar, lo primero que viene a mi mente es la profunda estética que se percibe en cada una de sus películas, la narrativa que nos brinda y el gusto exquisito que deja en el espectador.

Sin duda, hablar de la filmografía de Almodóvar es hablar de moda. La deliciosa mezcla entre tacones, estampados y accesorios da luz a ese maximalismo vanguardista que tanto caracteriza al cineasta. Y ni hablar del penetrante uso del color rojo como principal llamada de atención, sobre todo cuando las “chicas Almodóvar” lo llevan en sus prendas para reflejar ese empoderamiento femenino que tanto nos apasiona de sus films.

 

Penélope Cruz en Los abrazos rotos (2009)
© El Deseo S.A.

En el universo Almodóvar, la moda no funciona simplemente como vestuario, sino como un lenguaje para definir identidades, emociones y personalidades. En Tacones lejanos, trajes de Chanel y Armani acentúan esa sofisticación y elegancia de los personajes, mientras que en Kika y La mala educación, Jean Paul Gaultier deslumbra con un glamour caótico que convierte conceptos en vestimenta y llega incluso a sugerir desnudos a través de la ropa. Claramente, Pedro sabe cómo hacer uso de las siluetas para generar morbo dentro de lo que yo llamo “la estética del deseo”.

Sin embargo, según él, su estilo surgió como una serie de defectos construidos a partir de casualidades. Él mismo lo denominó “la estética del miserabilismo”. Pero, desde mi mirada —y la de muchos de sus seguidores—, lo percibimos más bien como el equilibrio perfecto entre sensualidad, drama y espontaneidad. Un gran ejemplo de este mix es Volver, donde se abordan temas intensos tratados con un tono cercano, familiar y cargado de humor. Una de mis favoritas, si me preguntan.

 

Marisa Paredes en Tacones Lejanos (1991)
© El Deseo S.A.

Pero, ¿es realmente una estética miserable?

En realidad, hablamos de una estética que evoluciona y se transforma en algo casi barroco, gracias a esa saturación de colores intensa que perfila a los personajes y construye una realidad alterna, casi fantasiosa, que a muchos nos remite a los colores de la infancia. Una vez que se pierde el miedo al color, estos dejan de chocar y comienzan a convivir con una armonía inesperada.

El narrador español por excelencia…

Para él es más importante tener algo que contar que saber exactamente cómo contarlo. Por eso es considerado un narrador que trabaja con un lenguaje cinematográfico profundamente expresivo, jugando con una danza de géneros que transita del melodrama a la comedia y viceversa. En otras palabras: puro cine.

El kitsch y el camp en sus películas…

La colorimetría almodovariana nace en el rojo, uno de los colores más recurrentes en su obra y por exelencia favorito del autor, acompañado de tonos como el azul, el verde o el amarillo, que aparecen como reflejo de distintos estados emocionales: la pasión, la melancolía o incluso una cierta locura o deseo desbordado. No son elecciones arbitrarias, sino decisiones que construyen el tono de cada escena, cada color está cuidadosamente pensado para provocar sensaciones como nostalgia, anhelo o incluso incomodidad.

 

Courtesy of Matador (1986)
© El Deseo S.A.

Más allá de lo estético, el uso del color y el vestuario responde siempre a una intención narrativa muy concreta. Nada es casual. Cada prenda, cada textura y cada tonalidad están al servicio de lo que el director quiere transmitir. El vestuario no actúa de forma aislada, sino en diálogo constante con la dirección de arte: los espacios, los objetos y los colores que los rodean refuerzan el mismo mensaje. Así, el rojo puede ser vida o amenaza, deseo o destino inevitable, dependiendo del contexto en el que aparece. He aquí el refuerzo de mi mantra personal: Todo pasa por algo.

Es aquí donde aparece la famosa estética kitsch y camp. Pero, ¿en qué se basan estos estilos? Se trata de un lenguaje visual que mezcla colores vibrantes, elementos pop, decoración recargada y referencias culturales españolas para crear un universo transgresor. Este universo visual también se alimenta constantemente de la cultura española —desde lo folclórico hasta lo religioso— y lo mezcla con referencias pop de los años 60, la estética kitsch y códigos de la alta costura. El resultado es una identidad visual donde el blanco y el rojo conviven con estampados intensos y combinaciones atrevidas que construyen un imaginario profundamente reconocible. Lo vemos proyectado en Pepi, Luci, Bom, llena de provocación, espíritu de la Movida madrileña y performatividad queer.

En Mujeres al borde de un ataque de nervios, las protagonistas, atravesadas por el abandono y el descontrol emocional, encuentran en ese mismo caos una forma de liberación: se vuelven más directas, más desinhibidas y, en cierto modo, más fascinantes. Almodóvar entiende que el drama no debe eclipsar lo cómico, sino convivir con ello, aportando una capa más a la escena y generando ese equilibrio tan característico de su cine.

 

Courtesy of Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)
© El Deseo S.A.

En ¡Átame!, nos encontramos con una historia de amor entre dos personajes al margen, intensa pero creíble, donde la estética acompaña esa tensión emocional sin perder su carácter estilizado. Por otro lado, en Todo sobre mi madre, la fuerza colectiva de las mujeres se convierte en el eje central: figuras que sostienen, cuidan y se relacionan con la vida desde un lugar más directo y honesto.

En todas estas historias, el glamour y el drama se fusionan y dan luz  al vestuario; a veces excesivo e irreverente, roza lo absurdo y lo provocador, pero siempre con una intención clara.

El universo almodovariano se construye desde una sensibilidad muy particular, casi telúrica, donde lo emocional y lo visual están profundamente conectados. Porque en su cine se comunica sin necesidad de palabras, se impacta sin exagerar y se seduce sin forzar. Los colores vibran, las prendas hablan y cada elemento en pantalla tiene algo que decir.

De la pasarela a la Croisette…

Y es que, si algo nos ha enseñado Pedro, es que en su mundo un vestido de Chanel o un salón rojo sangre dicen tanto como el mejor de los diálogos. Esa estética tan cuidada no es solo decoración, es el lenguaje con el que nos prepara para lo que viene.

Que ilusión contemplar que el universo del manchego se expande y alcanza un nuevo hito este año con su trabajo más reciente Amarga navidad el cuál está compitiendo por la aclamada Palma de Oro en el prestigioso Festival de Cannes, un premio que se le ha resistido históricamente a pesar de haber ganado a Mejor Director (Todo sobre mi madre) y Mejor Guión (Volver).

 

Courtesy of Amarga Navidad (2026)
© El Deseo S.A.

Con esta, ya son siete veces las que Pedro se planta en la Sección Oficial con la maleta llena de colores y dramas de los nuestros. Y la verdad, después de verle recoger por fin el León de Oro en Venecia hace nada, se siente que este 2026 es «el año». Sería el broche de oro perfecto para su carrera verle ganar en la Croisette con una historia tan suya, rodada entre Madrid y los paisajes volcánicos de Lanzarote, y rodeado de musas como Bárbara Lennie y Milena Smit. ¡Está seguro que es la vencida!

Para cerrar, me gustaría aclarar algo: el deseo en el cine de Almodóvar no recae únicamente en la sensualidad de sus personajes, ni en la moda o el color. Va mucho más allá. Nace en la construcción de personajes cotidianos, complejos, llenos de identidad, que existen sin pudor ni prejuicios. No se trata de juzgar, sino de comprender. De narrar una realidad fusionada con ficción para hacerla, quizás, más llevadera.

El verdadero deseo está en la mezcla de todos estos elementos: estética, emoción, narrativa y cultura, que juntos dan lugar a una forma única de hacer cine.

En fin, una vez más me siento agradecido de haber nacido y vivir en el país que Pedro toma como modelo principal para sus tan aclamados filmes. Una España real, colorida y vibrante, en la que muchos podemos vernos reflejados. Un melodrama espléndido que fusiona lo cotidiano con lo teatral.

Y lo demás… es historia del cine.

 

Words by
Javier Minuche

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